No hace ni un año que conozco el concepto, pero admito que, de alguna manera, su existencia empezó a obsesionarme. En el buen sentido. Con ese tipo de obsesión que persigue al novato atraído por un terreno recién descubierto.

Hablo de la empresa social, ese ente a caballo entre la empresa tradicional y la ONG que no es igual que ninguna pero toma un poquito de las dos.

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